Trabajos
del Taller Juvenil
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OBSESIONES Era el primer día en la casa nueva. Subí las escaleras, entré en mi cuarto y di tres golpecitos en la pared. Me habían dicho que traía buena suerte estrenar de este modo el hogar. Lo repetí durante tres meses por las dudas. Luego olvidé mi obsesión ya que era una estupidez.
Tuve otra, pero ésta fue mucho más real. Mi escalera tenía trece escalones; yo subía lentamente cinco, tres rápido, y lentamente los otros cinco. En todas las escaleras, incluso la de la escuela, subiendo o bajando, yo hacía eso y parecía un tonto. Cuando la directora me retaba y me llevaba a su oficina, yo pensaba en mi obsesión. No aguantaba más. Hasta que un día, en mi casa, me decidí: subí lento los trece escalones y sentí frío; imaginé que mi familia iba a sufrir. Bajé corriendo y volví a subirla como siempre: cinco lentos, tres rápidos y cinco lentos. Me dolía mucho la cabeza y temblaba de miedo. En mi cuarto junté todas mis cruces y me senté enfrente de ellas a rezar. Recé un denario, dos rosarios y mucho más. Escuché que una voz, seguramente la de Dios, me decía: si crees tanto en mí, ¿no sabes que yo te protegeré? Ahí me di cuenta de que Dios me protegería de... ¿qué?; nada, salvo de mi desconfianza hacia él.Martín (11 años)![]()
LA GRIETA
Lucía estaba en la escuela escribiendo un cuento en su cuaderno. Era la primera vez que escribía un cuento tan lindo. Lo llevó a su casa para mostrárselo a su mamá. ¡Qué bueno!, dijo la mamá.
Lucía se fue a dormir y las palabras del cuento se cambiaron a otro cuento. El anterior se trataba de que a un árbol le nacían hojas, y el otro era de que a un árbol lo cortaban al medio. Las palabras no sabían que estaban cortando el árbol y cuando se dieron cuenta volvieron al cuento anterior, pasaron por la grieta y se acomodaron cada una en su lugar.
Stephie (9 años)
TODO REMENDADO ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? No sé qué hacer para que Catalina deje de no preocuparse. Cuando se entera de que algo se rompió o desapareció, ella siempre dice que hay que comprar otro. Y eso no puede ser así. Para ella todo resulta tan fácil...
Un día común y corriente el abuelo le regaló un gato y ese gato le trajo muchos problemas. El primer día estaba muy asustado y se escondió dentro del mueble donde se guardaban los platos. Cuando la madre de Catalina abrió la puerta del mueble no lo vio y él se asustó tanto que saltó y ¡paff!, el plato más lindo y grande se cayó al suelo y se rompió. La mamá se enfureció pero, a pesar de eso, Catalina como siempre gritó: ¡Compren uno nuevo! Y claro, como ya mencioné, para ella todo tenía remedio. Así el gato fue tomando confianza y cada día rompía algo, luego cada hora, luego cada minuto y luego cada segundo. Pasó un mes, ya no quedaba nada sano y no podían reponer lo que se rompía ya que la madre era viuda. Hasta que un día el gato rompió la foto del papá de Catalina y como siempre...: ¡Compren otro! Entonces la mamá le explicó que no se podía comprar la foto del papá por dos razones: una, porque no había plata; otra, porque era única, o sea que no había negocio que venda esa clase de foto y que si lo hubiera no sería la misma. A Catalina se le partió el corazón porque con la foto sentía que su papá estaba vivo, pero ahora sintió que en realidad no existía. A la noche le costó dormir y cuando logró cerrar los ojos empezó a soñar. Soñó que el papá le hablaba y por arte de magia la foto se remendó, y no sólo eso, también se remendó su corazón.
Belén (9 años)
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CiberTaller
Página realizada por Alejandro C. Calvo
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Junio / Julio de 2005