Durante miles de años el paño textil y
el manto de cuero flexible han sido el amparo
en los que la humanidad ha encontrado
su segunda piel y hasta su primera arquitectura.

El poncho, manto rectangular tejido
con una abertura en el medio para
pasar la cabeza
y descansar sobre los hombros,
posee una amplia tradición en toda América.
De sencillo atuendo a mobiliario nómade,
techo, cama, almohada, vestido y mortaja.

Como portador de signos sus decoraciones
transmiten su pertenencia grupal, su pasado,
su rango o su devoción.
Elaborado con distintas lanas,
colorido o sencillo, grueso o liviano,
el poncho nos cuenta de una forma de vida
particular, nos habla del viento de la llanura,
del frío de los cerros,
de las distancias recorridas
y del descanso junto al fuego.

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