TEHUELCHE MERIDIONAL
Cosmovisión Las
boleadoras Cueros pintados
TEHUELCHE SEPTENTRIONALES
Constituían
bandas poco mayores que las de los Selk'nam, compuestas por varias docenas
de familias. Las bandas tenían jefes, y cada una disponía
de un territorio propio por el cual migraban
estacionalmente.
Los jefes tenían escaso poder y una de sus pocas funciones era la
de disponer el rumbo de las migraciones y el orden de la caza. Los movimientos
faunísticos determinaba los desplazamientos humanos en Patagonia.
Esto se reflejaba en los asentamientos de estas comunidades, con su tiempo
de veranada e invernada. Sus paraderos de verano se situaban en las proximidades
de la cordillera y en sus lagos y los de invierno en la cercanía
de la costa. Las migraciones costa-cordillera seguían por lo general
los cursos de los ríos patagónicos. En sentido Norte-Sur
podemos reconocer dos derroteros: el cordillerano y el costero. Las veredas
indígenas se establecían según una necesidad básica:
la presencia de cursos o reservorios de agua dulce a los que recurrían
para acampar.
Guanacos y Ñandúes eran sus principales animales de
caza. Los métodos de caza variaron con
el
tiempo, a medida que evolucionaba su cultura. Los Tehuelche antiguos cazaban
a pie y con arco y flecha. Los arcos de caza eran chicos con cuerda de
intestino de guanaco, las flechas igualmente cortas, de caña, con
dos o tres plumas y punta de piedra blanca o negra, también de hueso,
transportadas en carcaj. Usaban cuchillos de piedra y odres de cuero para
el agua.
Luego de la llegada de los españoles (S.XVI) adoptaron el caballo
y la actividad de caza se convirtió en ecuestre y masculina, aunque
las mujeres participaban formando el cerco que encerraba a las presas.
El arma fundamental pasó a ser la boleadora.
Las mujeres se dedicaban a cazar presas menores como zorrinos, maras y
quirquinchos. La caza era su medio económico fundamental a la que
se añadía la recolección de raíces comestibles
y de algunas semillas con las que hacían harina y la consumían
tostada o preparando una especie de tortas.
Las prácticas comerciales se constituyeron en una parte importante
dentro de los recursos
económicos;
su auge se debió no sólo a la facilidad para recorrer largas
distancias que les posibilitó el caballo, sino también a
la atracción que ejercían los productos ofrecidos por los
pobladores blancos desde las colonias. En el siglo XIX la dependencia de
los
productos
que ofrecía el blanco era cada vez más importante, y los
viajes a Carmen de Patagones y Punta Arenas se convirtieron en el eje del
funcionamiento económico. Los asentamientos agrupaban una cantidad
mayor de individuos y la territorialidad de las bandas ya no fue tan definida.
La caza del guanaco y el ñandú siguió siendo importante
como sustento y con fines comerciales.
COSMOVISION
La
creación entre los Tehuelche era atribuida a un ser que siempre
existió. En un principio vivía rodeado por densas y obscuras
neblinas "allá donde se juntan el cielo y el mar".
Pensando en la terrible soledad que le rodeaba, aquel
ser rompió a llorar, y lloró durante muchísimo tiempo,
tanto que es imposible calcularlo. De las lágrimas que brotaban
de sus ojos se formó el mar primitivo, ARROK, primer elemento de
la naturaleza. Esa divinidad eterna y todopoderosa es llamada KOOCH. Cuando
advirtió que el agua brotada de sus ojos seguía en constante
aumento, dejó de llorar y dio un profundo suspiro. Ese suspiro originó
el viento, que disipando las obscuras neblinas, dio lugar al nacimiento
de la claridad "igual que ahora aparece el día después
de la noche en el lejano horizonte".
Creados
los tres elementos del espacio, el Viento, la Luz y las Nubes, KOOCH hizo
surgir del seno del mar primitivo una isla muy grande, sobre la cual creó
la vida perecedera, es decir: las aves, los animales, los insectos y los
peces. A fin de admirar aquella maravillosa obra de KOOCH, el Sol enviaba
luz y calor; las Nubes llevaban la lluvia bienhechora y el Viento se encargaba
de crear los pastos.
La vida se desenvolvía en forma pacífica en la isla de la
cosmología Tehuelche, hasta que aparecieron los gigantes, seres
monstruosos y perversos. Desde esa isla ELAL trasladó a la Patagonia
a todos los animalitos que fueron sus fieles amigos, una vez que se instalo
en la nueva tierra.
ELAL,
es el personaje central de la mítica Tehuelche, más que un
dios, es un héroe educador, maestro de la caza y protector.
En la legendaria isla creada por KOOCH, nació ELAL, hijo del gigante
NOSHTEX y TEO (Nube).
Fue el Cisne, quien trajo a ELAL siendo aún muy pequeño.
El Cisne depositó al niño en la cumbre del Cerro CHALTEN
(Fitz Roy) donde durante tres días y tres noches, protegido por
las aves, contempló la nueva tierra.
ELAL, fue el creador de los CHONEK (Tehuelche), reveló a los hombres
el secreto del fuego, inventor del arco y las flechas, les enseñó
el arte de la caza y como seres creados a su semejanza les inculcó
algunos principios de moral y conducta.
Finalmente, el ciclo termina con el alejamiento del héroe, que ha
cumplido su misión, para dar lugar al hombre sobre la tierra.
ELAL desciende de la montaña, reúne a sus fieles camaradas,
les prohíbe que le rindan homenaje alguno y retorna a su Isla llevado
por un majestuoso cisne. Es en esa misteriosa Isla donde ELAL aguarda a
los CHONEK muertos, que llegan guiados por WENDEUNK, un espíritu
tutelar que lleva la cuenta de las acciones de todo Tehuelche.
BOLEADORAS
El
uso de la bola en Patagonia se remonta a 10.000 años de antigüedad.
La boleadora de dos bolas era el arma de caza y combate común de
las tribus de la Pampa y Patagonia en el momento de la conquista. La bola
de tres piedras, sin embargo era conocida en la región andina desde
tiempos precolombinos.
En sus últimos tiempos los tehuelches reutilizaban bolas que solían encontrar en antiguos sitios de asentamiento o cacería utilizados por sus ancestros. En la mitología Tehuelche Septentrional estas bolas halladas eran fabricadas por un enano llamado TACHWÜLL, que tenía su taller en los cañadones o quebradas de las sierras. Continuamente se oía el repiqueteo del enano entregado a su labor, con su uña marcaba el surco de las bolas y procuraba no dejarse ver. Una vez, no obstante, lograron aprehenderlo; pero inmediatamente se nubló y empezó a llover de tal modo y en tanta cantidad, que se vieron obligados a darle libertad, cesando entonces la lluvia.
BOLA PERDIDA
Boleadora de una sola piedra, lisa, aguzada o erizada, la que atada
a una correa servía, arrojándola, para herir a la distancia
a la presa o al enemigo. También sujeta por el extremo de la correa
se la usaba como una especie de maza para la lucha cuerpo a cuerpo.
BOLEADORA DE DOS Y TRES PIEDRAS A diferencia de la Bola perdida
estas boleadoras estaban destinadas a detener o trabar los movimientos
de la presa o del enemigo. Las boleadoras se arrojaban a distintas partes
del cuerpo , según la especie de la presa a alcanzar: a los yeguarizos
y guanacos a las patas y al ñandú al tronco del cuello. La
boleadora de dos bolas es la llamada comúnmente ñanducera,
compuesta por una bola de piedra o de metal y la manija también
de piedra pero mucho más liviana y muchas veces de forma alargada.
Cuando el objetivo era capturar vivo al animal, a los fines de domesticarlo
(yeguarizos y vacunos), los tehuelches de épocas recientes utilizaban
bolas de madera, más livianas y menos traumatizantes. Para fabricarlas
usaban el engrosamiento de las ramas del Ñire (Nothofagus antarctica)
provocado por un hongo (LLao-Llao), aprovechando su forma de esfera achatada.
Para la confección de las correas o torzales se utilizaban
tientos de cuero de potro, cogote de guanaco o tendón de pata de
ñandú, por lo general retorcidos o trenzados en número
de a tres. Para sujetar las piedras provistas de surco se pasaba directamente
una tira de cuero alrededor del surco que se ajustaba fuertemente y luego
se unía al extremo del torzal. En las bolas lisas el procedimiento
era enfundar toda la bola dentro del retobo (forro de cuero).
"...combaten (los indígenas) con arco y flechas y con unas pelotas de piedra redondas como pelota y grandes como el puño, con una cuerda atada que la guía, la cual tiran tan certero, que no hierran a cosa que tiran." (Luis de Ramírez, español, 1528).
CUEROS
PINTADOS
"La
ocupación más importante de las mujeres en el campamento
era la fabricación de mantas de piel, trabajo que merece una descripción
detallada. Se empieza por secar al sol las pieles, estaquillándolas
con espinas de algarrobo. Una vez secas, se las recoge para rasparlas con
un pedazo de pedernal, agata, obsidiana, o vidrio a veces, asegurado en
una rama encorvada naturalmente de modo que forma un mango. Luego se les
unta de grasa e hígado hecho pulpa, y después se les ablanda
a mano hasta hacerlas completamente flexible; entonces se las tiende en
el suelo, se las corta en pedazos con un cuchillo pequeño muy afilado,
haciendo muescas para ensamblarlas unas con otras a fin de dar más
fuerza a la costura, y se las distribuye entre cuatro o seis mujeres armadas
de las correspondientes agujas y hebras de hilo, que consisten en punzones
hechos de clavos aguzados y en tendones secos extraídos del lomo
del guanaco adulto.
Cuando la manta es grande no se la cose toda de una vez; así que
la mitad esta concluida, se la estaquilla y se le aplica la pintura de
la manera siguiente: se humedece un poco la superficie; luego, cada una
de las mujeres toma una pastilla, o pedazo de ocre colorado, si este va
a ser el color de fondo, y mojandolo aplican la pintura con gran cuidado.
Una vez terminado el fondo, se pinta con la mayor precisión el dibujo
de motitas negras y rayas azules y amarillas; en lo que las mujeres trabajan
todo el día con la perseverancia más asidua. Concluido esto
se pone a secar la piel durante una noche, y se termina debidamente la
otra mitad y las alas, que sirven de mangas; después se junta todo,
y una vez terminado el trabajo, la piel presenta una superficie compacta.
El dibujo preferido, salvo cuando el dueño de la prenda esta de
luto, es un colorado con crucecitas negras y rayas longitudinales azules
y amarillas con ribetes, o con un zigzag de líneas blancas, azules
y coloradas. Es sorprendente la energía infatigable con que trabajan
las mujeres y la rapidez con que cosen.
"Vida entre los Patagones". George C. Musters.1871.
Estos
Tehuelche se distinguían fundamentalmente de los Meridionales por
su lengua
Günün a'ajech. En época ecuestre la frontera entre
ambos grupos no fue estable.
A
partir del siglo XVII los Araucanos cruzaron desde el actual Chile, a su
región; situación que culminó con la casi desaparición
de la cultura Tehuelche Septentrional como tal en las provincias de Buenos
Aires, la Pampa y Neuquén hasta el Río Limay, permaneciendo
hacia el oeste algunos grupos Günün-a-küna, que sólo
se fusionaron con los araucanos después de la avanzada militar del
General Villegas en 1886.
De su mitología quedan relatos incompletos, donde se destaca
la figura del ELEMGASEM, padre o generador de la raza que vive en
una cueva, al que se le atribuye la autoría de las pinturas rupestres.
"Gran animal extraño, cubierto de enorme cascara, muy gruesa
parecida a la de los armadillos actuales. Robaba mujeres y tenía
según algunos cara humana y según otros era un hombre de
talla gigantesca cubierta la espalda de una enorme coraza."
Los Günün-a-küna tenían un canto dedicado al Elemgasem
y decían que era el "dueño" de todos los animales
vivientes y que sólo podía ser muerto por el rayo. Raspaban
los huesos del Elemgasem (cualquier fósil hallado) y se lo daban
a beber a los niños para que sean fuertes y sanos.
Copyright. 1992. Helena Aizen, Claudio Tam Muro.