Río de la Plata J.
M. de Rosas Ofensiva de 1833 Tierra
Adentro Batalla de San Carlos
Adolfo Alsina La Zanja Julio
A. Roca Ofensiva preliminar de 1878 La
Conquista
La Iglesia Presidencia
de Roca La avanzada final
La
Historia de la Patagonia desde la llegada del blanco,
es la historia de una larga guerra entre dos mundos.
Los enfrentamientos, que desde el siglo XVIII y hasta fines
del siglo XIX, fueron tomando un carácter militar cada vez
más sangriento, marcaron el "encuentro" entre una sociedad,
europea o criolla, decidida a expandirse
y una sociedad indígena dispuesta a proteger sus territorios.
El
Virreinato del Río de la Plata
El
Virreinato del Río de la Plata
A mediados del siglo XVIII, las incipientes
estancias cercanas a la ciudad de Buenos Aires avanzaban sobre lo que en
aquel tiempo era territorio indígena ocupando progresivamente los
campos donde los aborígenes se abastecían de ganado salvaje.
En procura de animales las comunidades se vieron entonces obligadas a asaltar
con malones las estancias. Los habitantes de Buenos Aires para protegerse
levantaron los primeros fortines. Las pequeñas construcciones de
barro o empalizada trazaron la primer línea de frontera defendida
por el Cuerpo de Blandengues: una especie de milicia formada por paisanos
mal armados y mal pagados.
La creación del Virreinato del Río de la Plata en
1776 benefició básicamente a la ciudad de Buenos Aires. Su
prosperidad se apoyó en la riqueza ganadera de la región,
pero su fuerza económica residió fundamentalmente en la ciudad
portuaria, centro político del virreinato y sede de un activo intercambio
comercial.
En el territorio virreinal convivían blancos, negros, indios y mestizos.
Españoles y Criollos fueron la "gente decente", rotulo
que no implicaba necesariamente una buena situación económica,
pero que otorgaba derechos negados a los demás.
Protegidos por las leyes y celosos defensores de sus prerrogativas, criollos
y españoles, se reservaron el ejercicio de la función política
y la posibilidad de adquirir la prestigiosa categoría de "vecinos".
Con el tiempo la oposición entre españoles y criollos fue agudizándose. La ocupación de España y la usurpación de la Corona por los franceses desencadenaron en el Río de La Plata los hechos de mayo de 1810: El Cabildo Abierto discutió la caducidad del Virrey y para reemplazarlo constituyó una Junta integrada en su mayoría por criollos. A partir de entonces comenzaron a producirse profundos cambios en una sociedad que empezaba a llamarse argentina. Influenciados por las ideas de la Revolución Francesa, los hombres de Mayo tuvieron un fuerte sentimiento de solidaridad con los habitantes originales de América. Sostenían que la conquista española había sido una usurpación de la propiedad y de los derechos de los Americanos y reconociendo a los indígenas como "hijos primogénitos de América" procuraron incorporarlos, mediante decretos, oficios, leyes y disposiciones legales, como miembros iguales a la nueva sociedad.
Durante esa década predominó una política de integración basada en tratados y negociaciones pacificas con los indígenas del sur. Hacia 1820 el crecimiento de la industria ganadera reavivó la urgencia por expandir la frontera más allá del limite natural que trazaba el río Salado. Sin embargo las luchas entre Unitarios y Federales ocupaban toda la atención y los recursos. Los fondos que aportaban los hacendados para el mantenimiento del cuerpo de Blandengues no mejoraban la precaria protección de la línea fronteriza y la política defensiva ya no parecía suficiente. Los grandes malones que asolaron las poblaciones en esa época precipitaron la ofensiva violenta: Las campañas del coronel Martín Rodríguez primero, de Federico Rauch más tarde y en 1833 de Juan Manuel de Rosas, marcarían el inicio del proceso de exterminio.
Juan
Manuel de Rosas
Juan
Manuel de Rosas (1793-1877), nieto e hijo de terratenientes, conocía
la vida del campo y las costumbres de los indígenas a los que empleaba
como peones en los establecimientos rurales de su propiedad. Las buenas
relaciones que como hacendado mantuvo con algunas de las comunidades y
el respeto y la amistad que le brindaban varios caciques, le fueron de
gran utilidad en su ejercicio político permitiéndole firmar
alianzas que aseguraron su victoria sobre las bandas enemigas.
Con el apoyo de los caciques Coyhuepan y Cachul, resistió
la insurrección del General Lavalle contra el Gobernador Dorrego
en 1828, asegurándose el enorme prestigio en Buenos Aires que lo
llevaría poco después a la gobernación de la provincia.
Su plan como gobernador era transformar el "desierto" colonizando
las tierras ganadas. Propugnaba instalar en las estancias a las distintas
comunidades dirigidas por sus caciques para que practicasen allí
tareas agrícolas, ganaderas y artesanales. Sin embargo solo logro
realizar este proyecto en forma limitada.
La
ofensiva de 1833
Durante
el primer gobierno de Rosas, si bien se logró restablecer la paz
en la provincia, la frontera permaneció inestable. Intentando resolver
el problema indígena el gobernador presentó ante la legislatura
un plan de ofensiva.
En febrero de 1833, tres divisiones iniciaron la marcha. Cerca de
3800 soldados avanzaron desde Cuyo y Buenos Aires hacia el sur bajo las
ordenes de los generales J. M. de Rosas, José F. de Aldao y J. Ruiz
Huidobro.
La división comandada por Rosas, que contaba en sus filas
con la presencia de los caciques Catriel y Cachul (Tehuelche) y Cañuquir,
Rondeau, Mellin y Cayupan (Voroganos) entre otros, fue la única
exitosa logrando la desbandada casi total de las comunidades de la región.
El destacamento comandado por el general Angel Pacheco, 20 jefe
de la división izquierda, llego hasta Chole-Choel, arrasando a su
paso las toldería de los caciques Paylleren y Chocorí. La
Gaceta Mercantil de Buenos Aires publicó en su edición del
24 de diciembre de 1833 los resultados alcanzados: "3200 indios
muertos, 1200 individuos de ambos sexos prisioneros y se rescataron en
total unos mil cristianos cautivos".
La frontera
se extendió en el extremo oeste y sudeste de la provincia de Buenos
Aires. La línea defensiva pasaba ahora por Bahía Blanca,
Médano Redondo (conocido después como fortín Mercedes)
y Carmen de Patagones: se habían ganado 2900 leguas cuadradas de
tierras, suprimido los malones linderos y concretado alianzas con las comunidades
indígenas amedrentadas por la derrota.
Desde 1835 hasta la batalla de Caseros en 1852, Rosas gobernó
con la suma del poder público. La Constitución sancionada
en 1853 y la elección de Justo José de Urquiza como Presidente
fueron el inicio de la Confederación Argentina, que formada por
trece provincias se enfrento durante diez años a Buenos Aires. Las
fronteras totalmente desguarnecidas dejaron a las poblaciones a merced
de los ataques indígenas que azotaron la provincia. La batalla de
Pavón en 1860 determino la disolución de la Confederación
y en 1862 Bartolomé Mitre fue electo Presidente de La Nación.
Buenos Aires ya reincorporada al país, fue declarada por la legislatura
Capital provisoria. El nuevo presidente no dejo de ocuparse del problema
indígena. Intento arrinconar a las bandas mas belicosas del sur
y detener a las otras mediante tratados de paz, sin embargo la lucha en
las fronteras no se detuvo.
Tierra
adentro
Tierra
adentro era el nombre que daban los blancos al territorio indígena
de la pampa y el norte de Patagonia. En él consolidaban sus fuerzas
los Mapuche, Pehuenche, Ranqueles, Voroganos y Tehuelche
septentrionales demostrando su creciente poderío en malones cada
vez mejor organizados. Sin embargo la unidad indígena era constantemente
minada por los tratados y alianzas que se establecían con los blancos,
quienes buscando debilitar sus fuerzas fomentaban los enfrentamientos entre
las distintas comunidades.
Chocorí al mando de los Mapuche, fue el principal enemigo
que debió enfrentar Rosas. Su territorio se extendía desde
La Ventana y Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos
Neuquén y Limay: el "País de las Manzanas", donde
tenía sus principales tolderías. Aliado de los Voroganos,
vivía en constante acoso de las poblaciones fronterizas. Logró
escapar en varias oportunidades de la persecución de las tropas
Rosistas hasta que fue finalmente sorprendido por el teniente General Francisco
Sosa, quien había recibido del general Pacheco la orden de rodearlo
y destruirlo.
Muerto el Cacique Chocorí en 1834, su hijo Sayhueque
lo sucedió en el mando. Los caciques Lucio, Juan Manuel
Cachul, Juan Catriel y sus hijos Cipriano, Juan José
y Marcelino, Tehuelche septentrionales todos, ocupaban la zona del
arroyo Tapalqué cercana a Azul.
Aliados de Rosas, sus comunidades se mantuvieron en paz hasta la caída
del dictador. Al sur del Río Negro moraban dispersos los Tehuelches
meridionales que no participaban de los malones.
Los Ranqueles, grupo de origen Tehuelche araucanizado, cuyas tolderías
se encontraban en el interior de la Pampa, sur de Córdoba, San Luis
y oeste de Buenos Aires, fueron hostiles tanto a Rosas como a las autoridades
que lo sucedieron. En Leuvucó tenían su asiento los caciques
principales entre los que se destacó Yanquetruz por su poderío.
Próxima a los Ranqueles, vivía una agrupación que
respondía a las ordenes del coronel Manuel Baigorria, ex-oficial
subalterno de José María Paz, que a la muerte de este se
refugio entre los Ranqueles adoptando sus usos y costumbres. Encabezó
malones contra Córdoba y el oeste de Buenos Aires hasta que producida
la caída de Rosas entro al servicio de la Confederación.
Los Pehuenche por su parte controlaban
los pasos cordilleranos neuquinos, cumpliendo una función de intermediarios
en el comercio de ganado. Cerca de Masallé, al oeste de Salinas
Grandes, la comunidad de voroganos llegada de Chile a principios del siglo
XVIII, fue sometida en 1835 por Calfucurá (Piedra Azul),
un poderoso cacique araucano. Desde entonces el poderío del cacique
iría creciendo hasta convertirlo en el más grande Toqui de
Argentina. Ejercía su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos
encabezando la "Confederación de Salinas Grandes",
máxima expresión organizativa de las bandas indígenas
de la época.
Calfucurá, además de estratega, se destacó por su
capacidad negociadora. Durante el gobierno de Rosas, Salinas Grandes y
Buenos Aires fueron dos centros de poder con intenso intercambio y a la
caída del dictador, desprotegido por Buenos Aires, Calfucurá
llevó sobre la ciudad y sus alrededores una sucesión ininterrumpida
de ataques, mostrando el apogéo de su poder que no declinaría
hasta ser derrotado en la batalla de San Carlos en 1872.
La
batalla de San Carlos
En
1870 el comandante de la frontera sur, Coronel Francisco de Elías,
firmó un convenio con Calfucurá comprometiéndose ambos
a mantener la paz, pero el mismo comandante algunos meses más tarde
atacó las tolderías de los caciques Manuel Grande,
Gervasio Chipitruz y Calfuquir (Caciques Tehuelche).
La traición enfureció a Calfucurá, quien reunió
a todos los araucanos, ranqueles y tehuelche disponibles y en marzo de
1872 atacó Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio en un impresionante malón.
Esta invasión marcó la cima del poderío indígena.
Las represalias que se desataron tres días después en la
batalla de San Carlos, una de las más terribles producidas hasta
entonces, marcaron el fin del poderoso Calfucurá, quien refugiado
cerca de Salinas Grandes murió el 4 de junio de 1873.
Adolfo
Alsina
Entre
1868 y 1874 gobernó como presidente electo Domingo F. Sarmiento.
En 1874, nuevas elecciones proclamaron a Nicolás Avellaneda como
presidente. Adolfo Alsina, nombrado Ministro de Guerra, propugnó
un plan de avance paulatino hacia el sur, que aspiraba alcanzar el Río
Negro logrando la paz con las comunidades indígenas: " El
plan del Poder ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra
los indios para destruirlos".
Sin embargo la falta de una planificación adecuada y la incapacidad
del gobierno de respetar minimamente en sus tratados los intereses de los
indígenas, llevo a Namuncurá en un último gran esfuerzo
por defender sus territorios, a organizar la "Invasión Grande":
Aproximadamente 3500 araucanos y ranqueles arrasaron las poblaciones del
centro de la provincia de Buenos Aires.
La
zanja de Alsina
El
Ministro de Guerra cambio su actitud y sin vacilar organizó la contraofensiva:
Formadas en
cinco
divisiones, las tropas avanzaron a principios de 1876 sobre "Tierra
Adentro". Aunque enfrentaron a los guerreros de Juan José
Catriel, Namuncurá y Pincen, el resultado principal
de la campaña fue la construcción de pueblos (Carhué,
Guaminí, Puán, Trenque-Lauquen e Ita-ló), fuertes,
fortines y una zanja de 374 Km entre Carhué y Laguna del Monte.
Desde el principio de su gestión Alsina había proyectado una zanja paralela a la línea de frontera, que imposibilitara las invasiones. Dicha zanja de unos 3 metros de ancho por 2 de profundidad sólo dificultó el acceso de los indígenas sin impedir que la frontera siguiera siendo atacada y se mantuviera en extremo inestable.
Las presidencias constitucionales de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, que se sucedieron desde 1862 hasta 1880 , marcaron un período en el que la fe estaba puesta en la inmigración europea, fundamentalmente anglosajona. Los dirigentes del país pensaban que este "aporte racial" mejoraría la "calidad étnica" y la mentalidad de los argentinos criollos. El modelo de "civilizacion" era el europeo, y en su nombre los otros pueblos, considerados "barbaros" debian ser sometidos.
Tierra adentro seguía en manos de sus dueños originales pero su situación se hacia cada vez más difícil. El agotamiento y el hambre llevo a rendirse a comunidades como las de los caciques Ramón Platero (ranquel), Manuel Grande, Tripailao y Catriel (tehuelche). El poder indígena se debilitaba, sus filas disminuían por la muerte de numerosos guerreros y frente a los Remington y a las enfermedades traídas por los blancos pocos recursos les quedaban.
Julio
Argentino Roca
La
muerte de Alsina en 1877 dejó a cargo del Ministerio de Guerra al
General Julio Argentino Roca, cuyas ideas diferían sustancialmente
de las de su antecesor. Para el nuevo Ministro el objetivo era claro: ...
A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos
o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra
ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con
ellos...( carta del Gral Roca a Alsina). y su proyecto preciso: "Es
necesario (...) ir directamente a buscar al indio en su guarida, para someterlo
o expulsarlo, oponiendo enseguida, no una zanja abierta en la tierra por
la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del río
Negro, profundo y navegable en toda su extensión, desde el océano
hasta los Andes"- Mensaje y Proyecto presentado por el Gral.Roca
al Congreso de la Nación el 14 de Agosto de 1878.
La invención
del frigorífico, que abría las puertas a la exportación
de carne haciendo indispensable una expansión territorial, tanto
como las pretensiones chilenas sobre la Patagonia, dieron un carácter
de urgente a la campaña, que debía asegurar la soberanía
argentina en esas tierras. En virtud del pedido formulado en el mensaje
de 1878 el Congreso Nacional sancionó una ley por la cual se destinaban
$ 1.600.000.- para el traslado de la frontera a los ríos Negro y
Neuquén.
De esta manera el General Roca estuvo en condiciones de ejecutar sus planes.
Durante los últimos meses de 1878 dispuso una ofensiva preliminar
a cargo de pequeños contingentes que irían desgastando a
los indígenas con constantes ataques. Empezó por modernizar
las tropas suprimiendo la artillería que restaba rapidez a las operaciones
y resultaba ineficaz ante un enemigo en extremo móvil y disperso.
Simplificó el equipo aboliendo las pesadas corazas para dar más
soltura al personal e incrementó la construcción de líneas
telegráficas para asegurar que las órdenes llegaran oportunamente.
1878:
La ofensiva preliminar
El
plan preliminar buscaba "limpiar" de indígenas el territorio
entre la frontera y el río Negro, ya fuere quebrando su moral, reduciendo
sus efectivos o privándolos de sus haciendas. Manteniendo el sobresalto
en ellos, se los obligaría a someterse voluntariamente o a emigrar
hacia el interior del desierto.
En 1878 el Coronel Levalle primero y al poco tiempo el Teniente Coronel
Freire atacaron a
Namuncurá
en sus toldos provocándole más de 200 muertos. Ese mismo
año Juan José Catriel se entregó prisionero al Coronel
Vintter, con más de 500 hombres, y cerca de Laguna Malal, el Cacique
Pincen fue sorprendido y capturado junto a 20 de sus mejores hombres. Todos
ellos fueron trasladados a la isla Martín García para su
confinamiento definitivo. El Cacique ranquel Epumer cayó
prisionero en Leuvuco a manos de una partida al mando del capitán
Ambrosio.
La ley del 11 de octubre de 1878 creó la Gobernación de los Territorios de la Patagonia, recayendo la responsabilidad en el Coronel Alvaro Barros. "El nuevo gobierno tendrá por objeto principal fomentar el desarrollo de las poblaciones mencionadas, promover la fundación de otras y contribuir al éxito de la expedición proyectada, siendo además su existencia indispensable para la radicación definitiva de la nueva ley de fronteras, una vez que haya sido ocupada." Mensaje dirigido al Congreso de la Nación en septiembre de 1878 por el Presidente Avellaneda y el Gral. J.A. Roca.
1879:
"La Conquista del desierto"
El
plan de desgaste había sido exitoso: las comunidades de Pampa y
Patagonia completamente
debilitadas
por las pérdidas se preparaban a recibir el asalto final. En este
contexto se inició la autodenominada "Conquista del Desierto",
golpe final del paulatino proceso de exterminio y desarticulación
cultural que desde hacía más de medio siglo se estaba llevando
a cabo.
Entre abril y mayo de 1879 se realizó la acción relámpago. Cerca de 6000 soldados, en 5 divisiones equipadas con el mejor armamento de la época, avanzaron decididas a barrer la llanura. El General Roca los comandaba "en esta cruzada inspirada por el más puro patriotismo, contra la barbarie" ,como él mismo la calificara en su mensaje a los soldados del Ejército Expedicionario, el 26 de abril de 1879.
La primera
división al mando del General Roca estaba compuesta por casi 2000
hombres, entre los cuales 105 eran indígenas. Partieron de Carhué
el 29 de abril de 1879 y arribaron el 24 de mayo a Chole-Choel. La ocupación
pacífica del lugar significó, para los indígenas,
la pérdida de uno de sus bastiones más importantes. Un mes
más tarde Roca regresó a Buenos Aires, dejando al Coronel
Conrado Villegas a cargo de las fuerzas.
La segunda división, al mando del Coronel Nicolas Levalle,
contó con 450 soldados entre los cuales 125 eran indígenas
del Cacique Tripailao. En su avanzada hacia Traru-Lauquen (La Pampa) enfrentó
a los indígenas provocando importantes pérdidas entre los
hombres de Namuncurá.
Eduardo Racedo fue el comandante de la tercera división que
avanzó hacia Potahue al frente de 1350 hombres, entre ellos se contaban
numerosos indígenas ranqueles y de los Caciques Cuyapán
y Simón. Persiguió infructuosamente al Cacique Baigorrita
y aunque no logró capturarlo, cerca de 500 indígenas cayeron
prisioneros.
Napoleón Uriburu al mando de la cuarta división partió
el 21 de abril desde Mendoza con destino a la confluencia de los ríos
Limay y Neuquén. En la zona del actual Chos Malal sorprendió
a las tolderías ranqueles del Cacique Peyeumán provocando
numerosas muertes, entre ellas la del Cacique. En Río Agrio batieron
al cacique Painé haciéndolo prisionero junto a 60 de sus
hombres, y en su avanzada lograron finalmente la muerte del cacique Baigorrita.
La cuarta división finalizó su campaña obteniendo
un resultado de 1000 indígenas muertos y 700 prisioneros.
La quinta división al mando del Teniente Coronel Hilario Lagos,
inició su marcha desde
Trenque
Lauquen, a su paso 150 indígenas cayeron prisioneros en los breves
combates que mantuvo en los montes de Acahue y Calcahue. En Curu-Pichi-Cajuel,
el Teniente Coronel Godoy persiguió y dio muerte al capitanejo Lemumier
y su hijo. La quinta división capturó en su expedición
629 prisioneros.
El avance
de las cinco divisiones fue incontenible. En dos meses lograron ocupar
la llanura hasta más allá de los ríos Negro y Neuquén,
recuperar 500 cautivos y diezmar a las comunidades indígenas. Sólo
quedaban libres, ahora, los últimos caciques. De acuerdo con la
Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de
la campaña fueron los siguientes:
5 caciques principales prisioneros 1 cacique principal muerto (Baigorrita)
1.271 indios de lanza prisioneros 1.313 indios de lanza muertos 10.513
indios de chusma prisioneros 1.049 indios reducidos .
Los últimos
indígenas debilitados eran empujados cada vez más al sur
por una frontera que ahora se extendía sobre los ríos Neuquén
y Negro. Se ganaron así más de 15.000 leguas de tierras y
posteriormente se crearon pueblos y colonias en las márgenes de
los ríos Colorado, Negro, Neuquén y Santa Cruz. Con el traslado
de la frontera al río Negro se abrieron y facilitaron las comunicaciones
del interior hacia el litoral atlántico. Se extendió progresivamente
la red telegráfica militar, que luego fue entregada a la administración
civil. Se establecieron colonias indígenas para los sobrevivientes.
Así se destinó por decreto de febrero de 1879, el
Fortín General Conesa, sobre el río Negro, como colonia indígena
para los restos de la tribu de Catriel. A los colonos debía
dárseles elementos para construir las viviendas; semillas; útiles
de labranza. Un sacerdote que viviría en la colonia, promovería
su conversión al catolicismo y la colonia estaría bajo las
órdenes de un intendente militar, encargado de vigilar y administrar
la misma. Para los indígenas prisioneros se previó su ocupación
inmediata, diseminándolos en poblaciones rurales. Muchos fueron
enviados a Tucumán para las tareas de la zafra, o a Entre Ríos.
Mediante duros trabajos se pretendió adaptarlos a la "civilización".
La
Iglesia en la Conquista
El
acceso de Monseñor Federico Aneiros al arzobispado de Buenos Aires
a mediados de 1873, permitió el fortalecimiento de una política
más orgánica hacia las comunidades de la llanura. El nuevo
Vicario fundó el "Consejo Para la Conversión de los
Indios al Catolicismo" y en el período 1873-1879 se crearon
o revitalizaron varios centros de acción misionera, algunos de los
cuales contaron con la aceptación temporal de los caciques.
Aunque la iglesia intento acuerdos, especialmente con Namuncurá,
los parlamentos mantenidos no tuvieron éxito y la resistencia de
los indígenas a incorporar una nueva religión, fueron desalentando
a los misioneros. Sin embargo los mismos misioneros denunciaban que los
descontentos surgidos entre la masa indígena se debían basicamente
a la "poca fidelidad del gobierno en cumplir sus compromisos respecto
de ellos". La "Conquista del Desierto" quebró por
completo la línea de acción de la iglesia en aquel tiempo.
Aunque el General Roca llevaba como capellan de la campaña
a Monseñor Antonio Espinosa, la militarización de la cuestión
indígena convirtió a los misioneros en meros asistentes de
enfermos y moribundos. Tras la expedición de Roca, la iglesia intensificó
su función de intermediaria recibiendo las demandas de los caciques
aún libres e intercediendo ante el gobierno para que deje sin efecto
las condenas a prisión de los indígenas.
Presidencia
de Roca
El
año 1880 se inició con una rebelión encabezada por
el Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la
Provincia de Buenos Aires y una revuelta en Corrientes contra el Gobierno
Nacional, los indígenas aprovechando las circunstancias volvieron
a atacar. En octubre de ese año Roca asumió la Presidencia
de la Nación, gracias a la popularidad alcanzada con la victoria
de 1879. El nuevo Ministro de Guerra y Marina, Coronel Benjamín
Victorica, siguió el camino marcado por su antecesor y ordenó
al General Villegas el inicio de una expedición al actual territorio
de Neuquén, teniendo como meta el lago Nahuel Huapi. Para Roca "...la
República no termina en el Río Negro; más allá
acampan numerosos enjambres de salvajes que son una amenaza para el porvenir
y que es necesario someter a las leyes y usos de la Nación".
Mientras tanto los indígenas que lograron substraerse a las batidas anteriores, no tenían residencia fija y por temor a nuevos encuentros ambulaban hambrientos por los valles cordilleranos. Algunos lograron eludir el control de fortines y patrullas realizando asaltos de regular importancia.
La
avanzada final
A
principios de 1881 se inició la última etapa de la campaña,
organizando tres brigadas que movilizaron a 1700 hombres bajo las órdenes
del Coronel Conrado Villegas.
La primera brigada bajo el mando del Teniente Coronel Rufino
Ortega realizó una breve campaña en la que enfrentó
a Tacumán, hijo del cacique Sayhueque. Llegó al Nahuel
Huapi el 3 de abril, dejando a su paso 23 indígenas muertos.
La
segunda brigada a cargo del Coronel Lorenzo Vintter, sorprendió
cerca del Collon-Curá al Cacique Molfinquéo tomando
48 prisioneros, en la búsqueda de Sayhueque dejo 17 indígenas
muertos.
La tercera brigada al mando del Coronel Liborio Bernal, en su camino
hacia el Nahuel Huapi capturó a 140 indígenas y abatió
a 45. Sin embargo los principales caciques seguían libres, "Prefieren
morir peleando que vivir esclavos" y en 1882 realizan los últimos
ataques.
Una nueva
campaña se preparaba. A fines de 1882 cerca de 1400 hombres al frente
del ahora
General
Villegas se disponían a terminar definitivamente con los indígenas.
La primera brigada comandada por el Teniente Coronel Rufino Ortega sostuvo
violentos combates con ranqueles y araucanos. El Cacique Millamán
se rindió con casi 100 indígenas.
El Teniente Coronel Ruibal se batió con el cacique Queupo
ocasionando numerosas muertes entre los indígenas. El Cacique Cayul
cayó prisionero con 80 de sus hombres.
El Mayor José Daza sorprendió a Alvarito Rumay, quien
perdió entre muertos y prisioneros a más de 40 guerreros.
Los capitanejos Cayupán y Nahuelpán fueron
capturados.
A
su paso la primera brigada dejó alrededor de 120 indígenas
muertos y más de 500 prisioneros. La segunda brigada al mando del
Teniente Coronel Godoy realizó una serie de operaciones persiguiendo
a Namuncurá, Reuque-Curá y Ñancuche.
Este último logró pasar a Chile mientras que Reuque-Curá
cayó en prisión.
En su avanzada la segunda brigada dejo un saldo de cien muertos y 700 prisioneros.
La tercer brigada encabezada por el Teniente Coronel Nicolás
Palacios, se lanzó sobre Sayhueque e Inacayal. Aunque
no logró atrapar a los caciques, 145 indígenas fueron muertos
y cerca de 500 hechos prisioneros.
La campaña de Villegas había expandido la frontera
en 1882 a toda la Provincia de Neuquén, defendida ahora por 15 nuevos
fortines y fuertes: 364 indígenas más habían sido
muertos y más de 1700 fueron nuevos prisioneros. El 5 de Mayo de
1883 el General Villegas informaba: "En el territorio comprendido
entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y
Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados
a occidente.(...) Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos
de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio"(...)
En 1884 el entonces gobernador de la Patagonia general Wintter dispuso
el ataque final contra Sayhueque e Inacayal, para entonces Namuncurá,
extenuado, se había rendido con 330 de sus hombres. Los caciques,
reunidos en un gran parlamento, intentaron organizar una defensa desesperada.
Provistos de armas de fuego fueron al combate con el compromiso de pelear
hasta morir. Varios caciques se vieron obligados a rendirse.
Agotado y desmoralizado, en una situación de arrinconamiento
insostenible, Sayhueque seentregó el 1 de enero de 1885 con más
de 3000 hombres. Muchos indigenas murieron en combate y los restantes libraron
la última batalla el 18 de octubre de 1884: aquel día, Inacayal
y Foyel se enfrentaron al teniente Insay y cayeron prisioneros.
Junto con sus hermanos, mujeres e hijos, ambos caciques fueron llevados,
en 1886, a vivir al Museo de la Plata. El Dr. Moreno,
fundador de la institución, intentaba de esta manera retribuirles
su hospitalidad.
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"Y un
día, cuando el sol poniente teñía de púrpura
el majestuoso propíleo de aquel edificio (...), sostenido por dos
indios, apareció Inacayal allá arriba, en la escalera monumental;
se arrancó la ropa, la del invasor de su patria, desnudó
su torso dorado como metal corintio, hizo un ademán al sol, otro
larguísimo hacia el sur; habló palabras desconocidas y, en
el crepusculo, la sombra agobiada de ese viejo señor de la tierra
se desvaneció como la rápida evocación de un mundo.
Esa misma noche, Inacayal moría, quizas contento de que el vencedor
le hubiese permitido saludar al sol de su patria". Clemente Onelli.
Fue el 24 de septiembre de 1888.
Cuando al año siguiente se abrieron al público las
puertas del Museo de la Plata, Inacayal no era más que una curiosidad
etnológica con el Nº 5438. Un siglo despues en 1994, fue enterrado
en Tecka, provincia de Chubut.
Copyright. Lic. Helena Aizen, Tam Muro, 1992.