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Notas: Historias de Bariloche

EL HOSPITAL ZONAL DE BARILOCHE CUMPLE 71 AÑOS
DESDE 1938, SALUD A POBLADORES DE BARILOCHE Y ZONA

El Hospital de San Carlos de Bariloche se construyó en el año 1938. El proyecto fue definido por el arquitecto Alejandro Bradinsky y supervisado por  su colega Alejandro Bustillo. A paso rápido y sostenido, el 19 de diciembre de ese mismo año se inauguró.
Como las historias de pequeños pueblos, el recuerdo de los pioneros se renueva una y otra vez. Por ello el arquitecto Bustillo, reconocido especialmente en la región andino patagónica por sus numerosas obras de arquitectura que aún hoy se destacan por su calidad de diseño, es considerado el padre del edificio en el que hoy se emplaza el Hospital Zonal Ramón Carrillo.
Esta obra impulsada por Bustillo, en sus inicios destinaba su atención a la joven comuna de Bariloche, pero en la actualidad se ha convertido en referente de la Región Andino Patagónica, cubriendo las necesidades de cientos de pobladores patagónicos.
La loable tarea de quienes hoy integran el equipo de profesionales y empleados afectados a la salud de toda la comunidad y alrededores, aquellos que sostienen la salud y garantizan un adecuado tratamiento a los pacientes, tienta aún más si se recorre su historia. De esta manera nos remontamos a los inicios de esta obra que marcó uno de los hitos del progreso en los servicios de salud de la ciudad.
Bariloche era una aldea de montaña. Enorme superficie de belleza habitable fundada en mayo de 1902 a orillas del Lago Nahuel Huapi. Privilegiada por sus paisajes de cerros, bosques, lagos, glaciares y exuberante flora. Lugar elegido por inmigrantes, muchos de ellos europeos y chilenos. Con los inicios de vida en la ciudad, y con las características propias que ello conlleva, los pobladores notaron la urgía de tener un hospital que contuviere la demanda demográfica en ascenso.
“En los primeros tiempos de la aldea que hoy es Bariloche no había médico, y si alguien enfermaba se lo trasladaba a Chile o se recurría a la huerta de hierbas medicinales que casi todos tenían en su casa, mezclando a menudo los conocimientos medicinales europeos con los mapuches.” Así lo expresa el reconocido historiador Ricardo Vallmitjana en su libro “De Boticarios, médicos y farmacéuticos”.
A principios del 1900 Don Emetereo Laureano Carrasco era el referente de la ciencia farmacéutica, ya que poseía una huerta muy completa con plantas medicinales. La partera del pueblo era Peregrina Burgos. Pero la historia cuenta también a una comadrona india, quien llevaba a las parturientas a orillas del Lago Nahuel Huapi, y luego de ayudar a dar a luz a las madres, lavaba al niño en las aguas, como lo indicaba su tradición.
En 1907 llegaba a Bariloche José Emanuel Vereertbrugghen. Fue así que Bariloche tuvo a su primer médico, de origen belga, y recibido en la universidad de Lovania. Con el prestigio que todo profesional bienvenido genera en una comunidad pequeña y sin antecedentes en la materia, Don José fue respetado y querido por todos, por su trato dulce y su manera sencilla de dirigirse a sus pacientes, y, claro está, por la admiración que despertaban sus acertados diagnósticos.
Fue Vereertbrugghen quien concientizó acerca de la importancia de contar con un hospital para la ciudad, y destinó años en tratar de instalar en los pobladores de mayores recursos económicos el interés por colaborar en su construcción.
Eran épocas en que los antibióticos y las anestesias aún no existían. Y muchas veces el médico se dirigía a la casa del paciente cuando éste no podía ir al consultorio. Las distancias no tenían los minutos que hoy conocemos: ausencias de caminos, vehículos para acceder a ellos, condiciones climáticas inhóspitas. Eran otras épocas…
Un día de 1915 llegó algo muy importante para esta aldea: la apertura de una Sala de Primeros Auxilios, a cargo de padres salesianos. Allí atendía un enfermero, José Cuaranta, también de oficio zapatero y sacristán de la capilla.
Llegó entonces un grupo de médicos recién recibido. Entre ellos el doctor Ernesto Serigós, autor de la primera operación de apéndice en Bariloche.
La población aumentaba, el ritmo de la aldea se veía lentamente alterado por el movimiento que se producía con la llegada de nuevos habitantes, los avances propios de una comunidad que debe adaptarse poco a poco a los cambios urbanos y los progresos sociales… era imperiosa la necesidad de tener un hospital.
En las calles Mitre y Onelli se construyó un hospital con consultorio externo, una sala para hombres, con once camas, y dos salas para mujeres, sala de rayos y sala de cirugía, y atendido por el doctor Serigós.
A fines de la década del 20 arribaron al pueblo otros médicos y farmacéuticos. Habían dos hospitales: el Salesiano y el Hospital Regional.
Otro personaje de la historia de la ciudad, y concretamente de la historia de la salud fue el doctor Juan Javier Neumeyer, quien a mediados de 1930 era el director del Hospital Regional de Bariloche y sostuvo que las instalaciones ya no eran suficientes para contener a los pacientes y brindarles una atención acorde a cada diagnóstico. Finalmente, en 1938, el mismo doctor Neumeyer como director del Hospital Zonal trasladó a los enfermos al nuevo hospital de la calle Moreno 601.
El hospital Zonal Ramón Carrillo comenzó con 60 camas y al poco tiempo tenía cien enfermos. Escribe Vallmitjana: “Era un hospital ejemplar, muy completo y equipado, con pijamas y batones para cada enfermo, servicio de comedor y buena loza, hasta con manteles y servilletas de tela.”
Pasaron muchos años y muchas personas que dieron buena parte de sus vidas para sostener la sanidad del pueblo.
En la actualidad el Hospital Zonal Ramón Carrillo es cabecera de la cuarta zona sanitaria, y tiene un nuevo área. En la obra se invirtieron 26,6 millones de pesos y su construcción supera los 11.700 metros cuadrados.
La ampliación del nosocomio está realizada en 3 niveles, con laboratorios, estacionamiento cubierto y un área de administración del centro asistencial, entre otras dependencias.
Este homenaje por los 71 años del nosocomio local no tendría sentido sin la voluntad de todos los que hicieron su historia y los que hoy están forjándola. Los que lo pensaron, los que dieron los primeros pasos en su ejecución, los que se animaron a llegar a la antigua aldea del sur para ofrecer su profesión A los que limpiaron y cuidaron las instalaciones, a los que atendieron enfermos, a los que en las situaciones más adversas han brindado lo mejor de sí mismos para el cuidado del prójimo, cubriendo las funciones esenciales para la defensa, el fomento de un futuro seguro, la investigación, la gestión de los pacientes y los sistemas de salud.

 

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