El Ciervo colorado Cada año comienza la Temporada de Caza Deportiva en el área protegida del Parque Nacional Nahuel Huapi, desde principios de marzo hasta fines de abril, atrayendo a una importante cantidad de amantes de la actividad, que vienen en busca de los cotos locales y del premio principal: el ciervo colorado. Esta temporada coincide con la época de brama del ciervo colorado, por lo que el animal se expone más a los ojos del cazador. En la cacería en la estepa, si bien es difícil la aproximación al ciervo, se puede observar a los animales bajando de las montañas, arreando sus hembras y peleando con otros machos. En el bosque, en cambio, la distancia con el ciervo suele disminuir, posibilitando un disparo más certero. La historia comienza en 1905, en la Pampa central, en un campo de Ataliva Roca, hermano mayor del conquistador del desierto y dos veces presidente de la república, don Julio Argentino Roca. El Dr. Pedro O. Luro, que era hijo político de Ataliva Roca, decidió recrear un espectáculo que lo había impresionado en Europa: la caza del ciervo rojo con batidores, jaurías, toques de trompeta y trajes de vivos colores. Efectivamente, pocos meses después, treinta ciervos de los Cárpatos y procedentes de un criadero fueron instalados en un predio de 500 hectáreas, rodeadas por tejido de alambre enterrado hasta la profundidad de un metro y con tres hileras de alambres de púas en su parte superior, que servían de freno a los pumas acechantes desde los matorrales vecinos y a los furtivos, que siempre existieron. Es como si aquellos ciervos hubiesen llegado a la tierra prometida. Se reprodujeron con la fuerza que tienen las especies exóticas que, trasplantadas, encuentran un hábitat favorable. Una veintena de descendientes fueron llevados a Junín de los Andes, a la estancia Collun Co, y otros quedaron ocultos en los bosques pampeanos donde se refugiaron cuando se rompieron las alambradas. Al Parque Nacional Nahuel Huapi, el ciervo colorado llegó en la década del 20, y se ha reproducido y dispersado por el norte de la Patagonia, incluyendo los alrededores de Bariloche. Debido a su abundancia se lo ha señalado como responsable de daños en la vegetación de los Parques Nacionales y como posible competidor de otras especies de herbívoros, entre ellas los ciervos nativos y el ganado doméstico. El ciervo colorado es capaz de seleccionar su forraje, buscando una dieta mixta y evitando la fibra en la medida en que le sea posible. Además, tiene una gran capacidad para variar su dieta de acuerdo con la oferta. En las zonas boscosas se sirve del ciprés y otros árboles como fuente de alimento, preocupando a las autoridades de la reserva que ven necesaria la preservación de las diversas comunidades arbóreas del impacto de esta especie introducida. Por otra parte, claro está, otros lejos de ver en el ciervo una amenaza, lo aprecian por la importante entrada de divisas en la región, provenientes de la caza deportiva que atrae turismo internacional y de la exportación de su felpa.
Fuentes: Diario La Opinión www.produccion-animal.com.ar “Dieta del ciervo colorado en los alrededores de Bariloche” Lic. Marcela Manacorda y Alicia Pelliza de Sbriller. 1999. www.estanciaspatagonicas.com
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